Las babillas de Wisirare

Mar
2014

04

En las 1.300 hectáreas que comprende Wisirare habitan varios centenares de babillas (Caiman crocodilus). Como puede apreciarse por su nombre científico se trata de un representante del grupo de los caimanes, que habita exclusivamente en Centro y Sudamérica. En Colombia se las encuentra prácticamente en la totalidad de los cuerpos de agua de las tierras bajas, por debajo de los 400 m.s.n.m., aunque quizá donde alcancen sus mayores abundancias sea en la región de los Llanos Inundables de Casanare y Arauca. Irónicamente es en esta región donde menos han sido estudiadas en el país, quizá porque en el pasado eran escasas debido a la caza comercial indiscriminada que sufrieron para aprovechar su piel.

 

Por este motivo en Wisirare, y también en la Reserva Natural Palmarito, hemos iniciado un estudio de uno de los aspectos más fascinantes de esta especie: su reproducción. Con la llegada de las precipitaciones de abril y mayo, y el consiguiente incremento de las áreas inundadas, los machos comienzan a marcar territorio exhibiendo unos comportamientos característicos, como son la cola levantada y las vibraciones dorsales subaudibles. Estas últimas generan un movimiento de agua en la zona dorsal del cuerpo, conocido en inglés como water dancing o baile de agua.

 

Este comportamiento sirve tanto para expulsar del territorio a los individuos más jóvenes y otros machos reproductores como para atraer a las hembras. La cópula viene precedida de un cortejo, tras el cual el macho monta a la hembra y se disponen en posición lateroventral para enfrentar sus respectivas cloacas. La cópula se produce bajo el agua.

 

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Momentos previos a la cópula. Foto tomada en la Reserva Natural Palmarito

 

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Macho adulto en plena exhibición de territorialidad

 

Entre uno y dos meses después de la cópula la hembra comienza a construir su nido. Dado que la anidación se produce en el periodo de máxima inundación, de junio a septiembre, éstas amontonan materia vegetal y tierra hasta una altura de unos 30 cm, para evitar que los huevos se malogren con el agua de la inundación. Al mismo tiempo ese colchón de materia vegetal sirve para filtrar el agua procedente de las precipitaciones. Sobre esa cama depositan un promedio de 25 huevos, en una sola puesta. Finalizada la ovoposición, las hembras tapan el nido con más hojas, palos, ramos y tierra, hasta alcanzar una altura de casi medio metro. El periodo de incubación es de unos 70 días y una vez los embriones han concluido su desarrollo, comienzan a emitir unos llamados que estimulan a la madre a abrir el nido y permitir la salida de sus crías.

 

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Imágenes de un nido situado en plena sabana y de los huevos que protege.

 

En el trabajo que desarrollamos ya hemos localizado 42 nidos, de los cuales se ha anotado las coordenadas, la ubicación (sabana, terraplén o mata), el alto, largo y ancho del mido, la altura de la cámara de huevos, la distancia al agua, la presencia/ausencia de la hembra vigilando, el número de huevos, el largo, ancho y peso de los huevos y las especies vegetales que componen el nido. También se hace un seguimiento del nido para saber si las babillas nacen o si por el contrario los huevos son depredados por los matos, lagartos de medio metro de longitud especialistas en saquear nidos de babilla.

 

A la izquierda se muestra el momento del nacimiento de una babilla y a la derecha una hembra protegiendo a sus crías.

A la izquierda se muestra el momento del nacimiento de una babilla y a la derecha una hembra protegiendo a sus crías.

 

Con este trabajo se pretenden sentar las bases científicas de un futuro aprovechamiento comercial de la especie, basado en el rancheo de huevos, la cría en cautividad de las babillas y la devolución al medio del porcentaje de ejemplares que alcanzan el año de edad en condiciones naturales. Esta actividad, que no se realiza en Colombia, es la base de muchos programas exitosos de conservación de crocodílidos que funcionan en distintos puntos del planeta, donde las comunidades locales obtienen un beneficio económico de la conservación de un recurso natural (en nuestro caso la babilla) y las poblaciones silvestres se mantienen estables o incluso aumentan, como sucedió en los Llanos venezolanos.